22 agosto 2014

Jennifer Aniston y su eterno papel de víctima

El papel de víctima de Jennifer Aniston en Hollywood se ha ido haciendo mayúsculo con el paso de los años. De ser la chica guapa, joven, divertida, estereotipo de actriz-mascota adoptada por las masas para adorar, pasó a ser un espectro lacrimoso y humillado por su rival en pantalla, la más fría y temida Angelina Jolie, la compañera de reparto por la que Brad Pitt se decantó para dar un giro radical a su vida.

Ahora, nuevas declaraciones sobre lo que sucedió aquel entonces, tras su divorcio y separación, se han vuelto a hundir en el abatido ego de la pobre Rachel, la protagonista de Friends que se quería comer el mundo junto al hombre más deseado del planeta.

Pitt, sin embargo, no pareció disfrutar demasiado de la fórmula, siete años de matrimonio que describe en una nueva entrevista con la revista Esquire como perdidos, sin rumbo y aferrado a las drogas para aislarse del mundanal ruido. "Durante un largo tiempo sentí que me hice mucho daño con la droga. Me sentí un poco como un vagabundo, un tipo que creció en una especie de burbuja y que quería ser inspirado".

Llegó un momento, confiesa, en que esa rutina negativa le estaba afectando demasiado y optó por romper con todo, empezando por Aniston, con quien nunca tuvo hijos. "Creo que mi matrimonio tuvo algo que ver con mi estado", indica. Tratando de pretender "algo que en realidad no era", pasando el tiempo solo y aislado, con un porro de marihuana en el sofá de su casa como vía de escape.

Entonces surgió la oportunidad del cambio de ciclo. "Me quemé y sentí que estaba perdiendo mi oportunidad. Fue un cambio consciente", explica en relación al rodaje de Mr. And Mrs Smith y del romance que protagonizó con Jolie. "Eso pasó hace una década. Era una epifanía".

El cambio, ratifica, no ha podido ser más positivo, en una unión con la misteriosa hija de Jon Voight que le ha permitido crecer y madurar en la industria del cine y a nivel personal, seguro de estar cumpliendo con su destino tras haber tenido seis hijos con su actual pareja.

"Siempre pensé que si iba a tener una familia tenía que ser a lo grande. Quería que hubiera caos en mi casa. Ahora hay un ronroneo constante, tanto si son risitas como gritos, llantos o el ruido de golpes", explicó.

Es una sensación que le fascina y de la que no puede estar alejado demasiado tiempo. "A lo mejor es agradable estar en la habitación de un hotel durante un día, poder leer el periódico, pero después, al día siguiente, echo de menos esa cacofonía, toda esa vida". Por ellos, por sus hijos adoptados –tres en total– y los que no lo son, ha encontrado la felicidad que estaba buscando. "Nunca he sentido tanta felicidad en mi vida", claro que con la consabida carga de culpabilidad por la traición a su ex mujer, y aclarando, al calor de sus palabras en Esquire, que no pretendía ofender a nadie, y menos que nadie a su ex mujer.

El propio actor manifestó que Aniston es un persona "increíblemente generosa, amorosa y divertida que todavía sigue siendo mi amiga", un mensaje que pueda que no termine de limpiar el daño por los cruces de declaraciones de los últimos años.

Aniston en su momento dejó entrever su resentimiento por lo que hizo su marido con Jolie, un distanciamiento agigantado por los medios de comunicación con los rumores sobre la obsesión de la actriz de 44 años con el fenómeno Brangelina.

De hecho, la demora en sus planes de matrimonio con el actor Justin Theroux se han atribuido a la posible coincidencia de fechas con el presunto enlace entre Pitt y Jolie, ahora que han admitido que están listos para formalizar su relación a ojos de los niños. Las fuentes de revistas como People y US Magazine aseguran que Aniston no quiere tener relación alguna con ellos y que su boda se interprete como una señal de revancha.

Ella, oficialmente, se ha limitado a decir que es feliz con el hombre al que conoció durante el rodaje de Wanderlust, una de las muchas comedias con las que se ha mantenido en primera línea de acción tras el final de Friends. Pueda que sea momento, finalmente, de pasar página en un culebrón que ya está durando demasiado.

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