30 agosto 2014

Cuando Jennifer Aniston estaba con Brad Pitt

El último cuento de hadas de Hollywood llegó a su fin. Jennifer Aniston y Brad Pitt, que arrebataron a Nicole Kidman y Tom Cruise el título mundial de la pareja perfecta, han decidido separarse tras siete años de relación y cuatro de matrimonio.Y tan amigos...

«Para los que siguen este tipo de cosas, queremos explicar que nuestra separación no es el resultado de ninguna de las especulaciones publicadas por la prensa amarilla», podía leerse ayer en el comunicado conjunto que remitió la ex pareja a la revista People, la Biblia del famoseo.

O sea, que ni el supuesto desliz de Pitt con Angelina Jolie (casados en la ficción en Mr. and Mrs. Smith), ni las dificultades de la pareja para engendrar hijos están oficialmente detrás de la ruptura, que quedó virtualmente confirmada el día en que Aniston se quitó el anillo de oro y diamantes que el mismísimo Pitt le diseñó para el día de la boda.

Hace apenas una semana, los dos guardaban aún las apariencias en una escapada caribeña, en la que se dejaron fotografiar junto a David Arquette y Courtney Cox. Ahora se sabe que Aniston acudió más bien buscando el consuelo de su amiga de Friends y la fuerza necesaria para anunciar el The End.

A la vuelta, los dos sintieron el peso y el vacío de su mansión de los sueños de 13 millones de dólares en Beverly Hills. En el santuario, como lo llamaba Jennifer Aniston, había ya incluso una habitación infantil concebida por él -apasionado de la arquitectura y del diseño interior- y pensada para acoger al niño o a la niña que nunca vino.

Según afirman en el comunicado, la separación es «una decisión muy pensada» y piensan seguir siendo «felizmente amigos, con un gran amor y una admiración mutua».

Pese a la imagen impecable que los dos se empeñaban en proyectar, algo nos decía que las cosas no funcionaban en la pareja perfecta: una distancia palpable en muchas fotos, una mirada (la de ella) perdida y sin profundidad, una actitud (la de él) de eterno veinteañero que rehúye de los compromisos personales.

«Hay mucha presión desde el primer día cuando piensas que vas a estar con alguien para siempre», declaró recientemente Pitt a Vanity Fair. «No estoy seguro que esté en nuestra naturaleza seguir al lado de una persona el resto de nuestros días... Jen y yo trabajamos nuestra relación sobre la marcha. Hemos hecho un pacto para ver a dónde nos lleva esto».

Su sonora boda en Malibú, julio del 2000, convocó a lo más granado de Hollywood y abrió una nueva era del happily ever after, en plena epidemia de divorcios en la meca del cine. Durante los dos primeros años, el matrimonio dio la impresión de echar a rodar, pese a las prolongadas separaciones. Todo hacía pensar que Brad, tras su fiasco con Gywneth, había sentado por fin la cabeza. Jennifer parecía también deseosa de acabar con su imagen edulcorada de Rachel en Friends y conventirse por fin en una mujer de carne, caderas y huesos.

Los dos dejaron caer más de una vez su intención de tener hijos, y parecían estar dispuestos a hacer un alto en sus carreras para procrear.

Pitt, 41 años, que vive aún de las rentas de Troya y de la reciente Ocean's 12, se había volcado últimamente en numerosas causas sociales y políticas y llegó a participar activamente en la campaña presidencial de John Kerry. Aniston, 35, volvió a centrarse con el tiempo en ella misma y su carrera: después de despedirse de Friends, se comprometió a rodar seis películas en cadena.

Hace apenas dos meses, cuando ya se mascaban los rumores de ruptura, la pareja se interesó por comprar una casa de tres millones de dólares en Londres, siguiendo los pasos y los consejos de Madonna: «Europa es un lugar mejor para criar a los niños».

De ese viaje regresaron sin embargo oficiosamente separados, cada uno por su lado, ensayando la última escena. La otra parte de la historia, la que ahora no nos cuentan, se sabrá con el tiempo, como se supo lo de Tom y Penélope (y después lo de Mathew). La pareja, famosa también por su pulso eterno con los parazzi, ha pedido por adelantado a la canallesca que les traten con «amabilidad y sensibilidad en los meses próximos».

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