26 agosto 2014

Como superar la crisis de la edad

Hay tópicos que son reales. A los 40 has invertido mucho tiempo en algo, pero aún eres joven y tienes tiempo de cambiar. Es un momento de reflexión.» La cita pertenece a Leonor Watling (37 años), al hilo del estreno de Una pistola en cada mano, la película de Cesc Gay que aborda, precisamente, el vértigo que siente el ser humano cuando mira el calendario y el espejo, y piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. A esta crisis se le han puesto muchos apellidos -de la mediana edad, de los 30, de los 40, de los 50...-, ya que a medida que la esperanza y la calidad de vida aumentan, la fecha se va postergando.

Algunos investigadores apuntan a que la sufrimos todos, otros rebajan su incidencia al 10% y hasta hay quienes han estudiado su huella en los grandes simios, desvelando que compartimos esta zozobra con 508 especies, lo que indica que, aparte de los condicionantes económicos, culturales y sociales que puedan propiciarla, sus raíces están en la biología y la evolución. Según este último estudio, comandado por Andrew J. Oswald, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), tanto nuestro bienestar como el de estos otros primates se distribuye a lo largo de la vida en forma de U, es decir, nos sentimos mejor al principio y al final de nuestra existencia y mucho peor en la etapa media.

Pero ¿por qué? Y, sobre todo, ¿cómo paliarlo?

«En ese momento estás a medio camino entre lo que esperabas ser y lo que te das cuenta de que estás llegando a ser. Y muy pocas veces concuerdan», resume Carmen Sánchez, que se aproxima como administrativa en una empresa de seguros, con dos niños y pendiente de su divorcio, al abismo del cuatro seguido de un cero.

«Cumplir años es un lujo, sobre todo si lo hacemos con calidad de vida, tanto física como psicológica. Así deberíamos verlo siempre y, sin embargo, el cambio de década nos asusta, en líneas generales, a todos», explica Gema del Val, psicóloga especialista del área de mujer del gabinete Álava Reyes Consultores, quien matiza que «la crisis de la edad, como cualquier problema psicológico, depende de nuestra percepción, y ahí influye, por ejemplo, el nivel de autoestima».

Depende sobre todo, según la psicóloga Carmen Serrat-Valera, autora de Solos tú y yo otra vez (ed. La Esfera de los Libros), de si estamos atravesando alguna otra crisis (personal, familiar, profesional) y de si tendemos, o no, a «la inestabilidad y la inmadurez. Este tipo de personas se pueden plantear vivir una segunda juventud, en vez de analizar qué han hecho con su vida y darle sentido buscando cosas que realmente les hagan felices».

Investigadores como Andrew J. Oswald, sin embargo, tienen claro que el hecho de que el estado de ánimo se hunda alrededor de los 40 es casi una ley universal, y que esto «no puede deberse a las hipotecas, las rupturas matrimoniales o cualquier otra parafernalia de la vida moderna. Los simios también sufren un notable bajón en la mitad de su vida, y no tienen nada de eso». En un estudio previo al realizado ahora con estos primates, Oswald utilizó datos recabados en encuestas a medio millón de estadounidenses y europeos para determinar que, en esa década, la sensación de bienestar queda por los suelos. Más concretamente, el mínimo se alcanza a los 44,1 años en el caso de los varones europeos (49,5 para los de la otra orilla del Atlántico) y a los 42,6 en el de las féminas (45,1 en las estadounidenses).

«Sufrí un poco con la crisis de los 40. Es la primera parada seria para mirar hacia delante y hacia atrás, cosa que hay que hacer de vez en cuando», ha reconocido Eduard Fernández (48 años), compañero de reparto de Watling en la citada película. Pero ¿la viven hombres y mujeres de la misma forma? Los expertos apuntan algunas diferencias en su duración -de tres a ¡10! años en su versión masculina; de dos a cinco en la femenina- y en sus desencadenantes: en ellos, algún tropezón laboral; en ellas, un suceso familiar (una infidelidad, una muerte), problemas de salud o la sensación de estar perdiendo su atractivo, según Sue Shellenbarger, autora de The Breaking Point: How Today's Women Are Navigating Midlife Crisis. «Las causas y síntomas son distintos. La mujer se culpa a sí misma; el varón, a los demás. Ella se siente triste y vulnerable; él, irritable y suspicaz», resume la coach Viki Morandeira, que ha escrito ¿Qué le pasa a mi esposo? Cómo ayudarlo y ayudarte en su crisis de los 40 (ed. Círculo Rojo).

«A ellos tal vez les importe más sentir que no pueden mantener el ritmo de antes en actividades como el deporte o el trabajo, y también que pretendan demostrarse que siguen siendo jóvenes y sexualmente atractivos», sostiene Del Val. Entre ellas, pesa mucho la ley social que dicta que la única belleza es la exterior y que la liga exclusivamente a la juventud, «aunque también el hecho de no haber cumplido sus objetivos y sueños: tener un trabajo estable, la maternidad, etc.» Así lo está viviendo, en su propia piel, Carmen: «Estudié una carrera y me encuentro en un trabajo que exige menor cualificación. Lo que suponía que iba a ser un proyecto de familia se ha roto. Y me siento invisible ante el sector masculino. Sigo siendo joven, pero pienso que tengo muchas puertas cerradas», relata.

Los síntomas de la crisis son muy variados: inestabilidad emocional, ansiedad, tristeza, pérdida de autoestima, pensamientos victimistas (del estilo de: «No me queda nada por hacer», «no hay salida», «mi tiempo se ha acabado»), desilusión, cansancio, posibles infidelidades y crisis de pareja...

El camino de salida del atolladero tiene dos pilares fundamentales: asumir que los años y la experiencia nos enriquecen, y no al contrario y, en caso de que el desasosiego sea tal que lleve al estancamiento, pedir ayuda a un profesional. Como sostiene Gema del Val, la clave está en la percepción. En tomárselo como Jennifer Aniston (43 años) -que relataba así su llegada, salpicada con alguna lágrima, a la cuarta década: «Me dije: '¡No quiero tener 40 años!' De repente, estás marcada. Eres un número»-, o, mejor, como Renée Zellweger (también 43): «No la veo [la crisis]. He tenido demasiadas buenas experiencias y oportunidades como para sentirla». «En algún aspecto siento esa urgencia del 'ahora o nunca', pero, en general, lo veo de una forma positiva», relata Carmen. «Estoy asumiendo que he llegado donde lo he hecho. Y estoy contenta, por ejemplo, con mis dos hijos. Al final, es cuestión de pasar la mala racha e ir adaptándote.» Es decir, de ir sumando (años, logros y vivencias), no restando.

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