31 mayo 2018

No hay tolerancia en el mundo del pop

EL rock de la Europa continental goza de pocos beneficios. La música que exportan las islas británicas aplasta literalmente al resto del viejo mundo. Los artistas españoles, italianos o franceses, como es el caso, tienen escasas posibilidades de abrirse camino fuera de sus respectivos países. 

El inglés es el idioma imperante. Los artistas nacionales sufren en sus respectivos mercados la dura competición con las luminarias que llegan del mercado anglosajón. Estos los encierran y en cada país parece que sólo hay sitio para el producto local y para las grandes estrellas de. la cuna del pop. Las excepciones a esta dramática regla se cuentan con los dedos de una mano en cada temporada. La tolerancia y el aperturismo del continente europeo tiene poco reflejo en el mundo del pop. El dúo Niagara son una muestra de lo dicho. Una formación de renombre y éxito en Francia. Comenzaron su carrera a mediados de la década pasada y tienen publicados en nuestro país tres álbumes.


En nuestro vecino país tienen devoción por sus canciones y por sus conciertos. No es difícil comprenderlo. Aquí, como en el resto de Europa, su suerte es la adversa. Las fronteras del mercado común no han caído lo mas mínimo para las creaciones de la música de estilo pop. El inglés es casi visado obligado para cruzarlas. De nuevo el público manifiesta su falta de interés por descubrir sonidos, artistas y canciones diferentes. Ahora que el rock se ha instalado en la cultura social, se añoran los años sesenta en los que artistas franceses o italianos, por ejemplo, conseguían rotundos éxitos en éste nuestro país. Ahora el rock de casi todos los países europeos goza de excelente salud. El francés es de los más desarrollados. Niagara han llegado a España con el aliento suficiente para dar todo de sí en directo. Están presentando su último álbum, Religion. 

No son una banda novata dando sus primeros pasos. Tienen imagen cautivadora e inteligencia. Por eso dieron un concierto sorprendente. La pareja vino acompañada por un numeroso grupo que situó la actuación en un cruce muy particular entre el rock eléctrico vigoroso y el alma soul de los instrumentos de metal. Muriel Laporte es, además, una cantante estimulante que sabe moverse por el escenario y controlar la actuación. Sus canciones son fuertes y muy densas, su voz frágil y romántica. Ella canta en francés.

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