10 enero 2014

Heiligendamm un oasis de bienestar

También desde este ángulo, la playa inmensa exhibe otra característica diferenciadora de la zona: la strandkorb o silla de mimbre. La verá allá por donde vaya y no sólo sobre la arena sino también en cafés, restaurantes, terrazas... Y es que, desde que aquella señora anciana aquejada de reumatismo ordenó la fabricación de un refugio para protegerse del sol y del viento, la strandkorb ha sido considerada el símbolo de la costa alemana. Y de aquella anécdota hace ya 130 años.

A tal punto llega su alcance que hasta ha llegado a dar cobijo a los máximos dirigentes mundiales. Fue en el año 2007, en la cumbre del G-8 celebrada en Heiligendamm, donde los líderes se fotografiaron en una strandkorb gigante. En el centro, por supuesto, la Merkel. Dicen que la silla en cuestión fue después subastada por cerca de un millón de euros, donados a obras de beneficiencia.

Heiligendamm es otra de las visitas obligadas en Mecklenburg y Pomerania Occidental. Y no sólo por ser el lugar donde el duque vino a remojar su pie -y donde nació la talasoterapia- sino también porque sus cinco edificios clasicistas son de una belleza soberbia. A este complejo a orillas del mar que tardó 67 años en construirse y que fue un sanatorio de soldados durante la Segunda Guerra Mundial, vienen hoy los más exigentes huéspedes en lo que a tratamientos balnearios se refiere: su centro wellness tiene nada menos que 3.000 metros cuadrados.

Pero esta región alemana es más que un oasis de bienestar. Además de sus incontables spas y su famosa especialización en tratamientos y programas de salud, la zona es también un paraíso para los amantes de la naturaleza. La península de Fischland-Darß-Zingst da buena cuenta de ello con su paisaje salvaje y romántico. Especialmente en su extremo este, jalonado de dunas y salinas. Allí se asienta Zingst, el bello y animadísimo pueblo costero que acoge un reputado Festival de Fotografía y una envidiable biblioteca, propia de una gran capital. A los paseos por el concurrido muelle o por las callecitas impecables salpicadas de casas de colores se añaden rutas en bicicleta por el Parque Nacional de los Bodden de Pomerania Occidental: a sus bosques acuden en otoño más de 60.000 grullas.

Este panorama natural fue el que atrajo a numerosos artistas hace poco más de cien años. Encabezados por Paul Müller Kampff, pintores de los más remotos rincones formaron una extravagante colonia en el pueblo pesquero de Ahrenshoop. Un pueblo que, por cierto, tiene como seña de identidad las casas con tejado de enea.

Aún hoy, este pintoresco rincón en el que veraneaba Eisntein está considerado una meca para músicos, literatos y artesanos. Pero sobre todo, para pintores, que con la edificación de su Museo del Arte -su apertura está prevista para 2013- pretenden dar un tratamiento teórico al movimiento que protagonizan: su inspiración, sus influencias, sus conexiones... Entre sus miembros no faltan artistas internacionalmente conocidos como Edward Munch, George Gross o Ludwig von Hofmann.

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