02 febrero 2016

Sharon Stone una diva en la Casa Blanca

Entre el reino de las ideas y el imperio de la imagen, ¿con cuál se queda? ¿Preferiría usted que el próximo presidente de Estados Unidos fuera un renombrado filósofo o una glamourosa estrella de Hollywood? ¿Votaría a Bernard-Henri Lévy for president? ¿O se decantaría mejor por colocar al frente de la Casa Blanca a una diva como Sharon Stone? ¿Cuál de los dos candidatos le inspira más confianza, le transmite mayor seguridad, le resulta más convincente? Juzgue la campaña electoral de cada uno y decida.

Es el perverso juego que propone Francesco Vezzoli. Este controvertido artista italiano de 35 años presentará en la próxima Bienal de Venecia (que se inaugura el día 10 de junio) un proyecto, Democrazy, en el que analiza las estrategias de manipulación de masas y el oscuro universo de la comunicación política. Un trabajo que, con el ojo puesto en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2008, se concreta en un vídeo que muestra las ficticias campañas electorales de dos hipotéticos candidatos a llevar las riendas del país más poderoso del mundo: Patrick Hill (encarnado por el filosofo francés Bernard-Henri Lévy) y Patrice Hill (a quien da vida la actriz Sharon Stone).

Ya en sus anteriores trabajos, en los que también analizaba los medios de comunicación centrándose en el mundo del cine y la televisión, Vezzoli había contado con la colaboración de personajes del calibre de Catherine Deneuve, Jeanne Moreau, Helen Mirren, Gore Vidal, Marianne Faithfull, Courtney Love o Milla Jovovich.Pero, esta vez, el artista italiano ha ido aún más allá: no sólo ha conseguido involucrar en su nueva obra al reputado pensador galo y a la actriz con el cruce de piernas más famoso del mundo, que se han prestado a meterse en la piel de los dos imaginarios candidatos presidenciales. Además, ha contado nada menos que con la colaboración de Mark McKinnon, el que fuera asesor electoral de George W. Bush durante la campaña de 2004, y de Jim Mulhall, miembro del equipo creativo de Bill Clinton en 1996. Cada uno de estos cerebros electorales ha diseñado, como si en verdad estuviera en juego la Casa Blanca, la campaña de estos dos candidatos ficticios.

«Bueno, no tan ficticios. Para mí, es más surrealista que Arnold Schwarzenegger sea gobernador de California que Sharon Stone pueda ser presidenta», se apresura a subrayar Vezzoli a YO DONA, mientras da un largo y pausado sorbo a su zumo de naranja. «No quería a dos políticos para protagonizar este vídeo, sino a dos figuras opuestas. Y qué hay más opuesto que una estrella de Hollywood que encarna el ideal de ficción y un filósofo que encarna el ideal de verdad. Sharon Stone es el prototipo perfecto del divismo, mientras que Bernard-Henri Lévy encarna el símbolo perfecto de la filosofía. Los dos han entendido el juego que les he propuesto y han aceptado participar», añade, asegurando que no le resultó difícil convencer a ambos de colaborar en este proyecto.

Pero, aparte de la dicotomía hombre-mujer, actriz-filósofo, ficción-realidad, la obra de Vezzoli tiene muchas más capas de lectura: «Bernard-Henri Lévy es francés y Sharon Stone, norteamericana. Ambos países, a pesar de que comparten los mismos colores en sus banderas, mantienen desde hace tiempo una relación conflictiva, como se vio no hace mucho, cuando Chirac se enfrentó a Bush a propósito de la intervención militar estadounidense en Irak. Y en ambas naciones una mujer ha sido o va a ser candidata a presidenta», explica el artista, que admite ser hijo ideológico de la izquierda y que, con esta obra, lanza una dentellada feroz contra el sistema mediático y la maquinaria electoral que operan en EEUU y en tantas democracias.

Vezzoli se muestra incapaz de decidirse entre sus dos falsas criaturas políticas. «Me gustan tanto los dos Son perfectos», sentencia. «Pero, si realmente se presentaran a las elecciones, creo que ganaría la imagen, que vencería Sharon Stone. Aunque yo personalmente creo que votaría al hombre de las ideas», confiesa.Y de la ficción, a la realidad: «Yo pienso que las próximas elecciones presidenciales norteamericanas las ganará Hillary Clinton. Y te explico por qué: porque el mundo adora a las familias reales.Es una necesidad que está presente en la mitología y de la que se nutren los medios de comunicación. ¿Qué harían algunas revistas sin ellas? Los Bush son una familia real que, entre padre e hijo, ha dominado la política de Estados Unidos durante 12 años. Y los Clinton son otra estirpe real que, sin embargo, sólo ha reinado durante ocho años, así que para compensar las cosas tiene que volver al poder. Y a eso se añade que Hillary Clinton es una mujer, algo que juega claramente a su favor, porque da más juego mediático una reina que un rey».

La obra de Vezzoli conlleva una enorme carga política, aunque algunos sectores de la izquierda italiana le critiquen su fascinación por los medios de comunicación de masas. «En mi trabajo artístico utilizo el mismo lenguaje que los políticos. Creo que, a estas alturas, el arte político debe ir más allá de pintar bigotes a una foto de Bush.»

Traje oscuro, camisa blanca, corbata roja y, detrás, la silueta de la bandera de EEUU. Una biblioteca, una mesa de despacho con la cubierta de piel. Es la imagen del poder. Sentado delante de una cámara, el candidato repite un discurso cargado de contenidos perfectamente analizados y ordenados para que lleguen de forma adecuada y certera a un pueblo en elecciones. La pena de muerte, Guantánamo, la sanidad pública... Es una pequeña escena de una campaña electoral. De una campaña electoral simulada, falsa, en este caso. Es, en definitiva, una parodia del poder. «Sí, sin duda, pero, como siempre, la parodia y la ironía dicen la verdad, no se oponen a ella. Es, quizá, un camino hacia la verdad.» El filósofo francés Bernard-Henri Lévy (Beni-Saf, Argelia, 1948) aceptó sin dudarlo la propuesta de Vezzoli, un maestro del videoarte.«Conocía su trabajo, me interesaba y considero que es el mejor.No hay dos como él en el mundo. Había visto su Trailer para un remake del Calígula de Gore Vidal y el resto de su obra.» Se comprometió, sí, pero bajo una condición: interpretar al candidato demócrata. Con una sonrisa cargada de ironía, explica por qué la posibilidad de meterse en la piel de un republicano le repelía: «No soy tan buen actor».

El vídeo de Vezzoli recoge dos anuncios electorales de los dos grandes partidos norteamericanos, con sus mensajes de seducción.Para prepararlo, Lévy trabajó con auténticos profesionales de la política. Y su experiencia como candidato coincidió con la vibrante campaña electoral francesa, en la que el filósofo tuvo un contacto especial con la aspirante socialista, Ségolène Royal.La comparación de su propia experiencia con la de su amiga le ha hecho cambiar su idea sobre el poder. «No sé, realmente, cuál es la intención de Vezzoli. Para mí, se trataba de poner en evidencia la importancia de la retórica política, de la seducción. La política es un arte, en el sentido en el que hablaba Maquiavelo. Ars politica, en latín. En cierto modo, se trata de una ironía sobre el poder», apunta sentado en el café del Hotel Claridge de Londres.

Sumergido en su papel, Lévy se encontró con un pequeño conflicto: el discurso que le había preparado su equipo asesor no encajaba en sus esquemas. ¿Por qué? «Hablaba sobre todo de Irán.» Lo rechazó, lo reescribió entero. ¿Por qué?, hay que insistir. «No estaba de acuerdo con lo que se decía, no eran mis palabras, no me sentía cómodo», responde. Finalmente, creó el suyo propio. «Cada cosa que digo, cada frase, es mía... Finalmente, ellos aceptaron lo que yo escribí con mis propias ideas, con mi propio programa [electoral] simulado.»

Es fácil, desde los prejuicios, pensar en que un hombre-filósofo-actor que representa el papel de un político ante la cámara sólo está preocupado de controlar el medio y de convencer con la imagen.Al final, a veces, el contenido, pensamos, está supeditado al éxito de la transmisión de una idea, de un titular.

«Lo más importante para mí, por supuesto, es el mensaje. Las ideas, sin duda. Pero ahora me he dado cuenta de que los medios y la retórica son también importantes. Esto ha sido muy interesante para mí, porque, al tiempo que estábamos grabando, veía la campaña francesa como espectador, pero también desde otro punto de vista, ya que de vez en cuando me reunía con Ségolène Royal. Fue interesante comparar la campaña de verdad de Royal con la simulada que hice yo.»

Ella perdió en su lucha por convertirse en presidenta de la República.El análisis de Lévy es rotundo. Más aún tras su propia experiencia.«Su programa era bueno y sus ideas también, pero ella quizá no estaba lo suficientemente preparada en la forma, en la retórica, para hacer llegar el mensaje», dice. «He descubierto cuán importante es este elemento en la política.»

Suena triste que, al final, sea más importante cómo llega el mensaje que el mensaje en sí mismo. «Estaría triste si fuera así, pero creo que es una parte más de la política. La seducción, la persuasión no son sólo otra parte, son un hecho. No puedes hacer llegar una idea, desarrollarla, sin la seducción. Quizá en Estados Unidos el medio es más importante que el mensaje, que el contenido..., pero no estoy seguro de ello.» Durante algunos segundos, Lévy se mueve en un discurso cargado de dudas, para concluir de forma rotunda: «He aprendido que la forma no es más importante que el contenido. No es verdad. No es cierto que el medio sea más importante que el mensaje. Por eso reescribí el texto que los consejeros me habían preparado».

Lévy no ha visto el resultado de la obra de Vezzoli. Ni siquiera lo que ha hecho la candidata republicana, interpretada por Sharon Stone. Cada uno ha trabajado por su cuenta y no ha tenido contacto con el otro. De nuevo, al aparecer en el debate una mujer candidata, la referencia a la aspirante socialista al Elíseo es inevitable.¿Acaso Royal jugó, además, contra la aversión del pueblo hacia la idea de que sea una mujer quien lo gobierne? 

¿Qué pasará con Hillary Clinton en EEUU? «Muchos países están preparados. Inglaterra, Chile, Alemania. Es un hecho. Pero Francia no, y esa es una de las razones por las que no ganó Royal, hay una resistencia real.Quizá en Estados Unidos estén más preparados que en Francia, pero Hillary tendrá algunos problemas...», reflexiona Lévy. No es un capricho su análisis. Plantea tres razones que, a su juicio, se presentan como claras dificultades en el camino de la senadora hacia la Casa Blanca. «Porque es mujer, porque es una Clinton y porque su vida privada se ha expuesto demasiado en el escenario» público estadounidense.

De su fascinante experiencia -el trabajo apenas duró un día, pero fue tal el mundo de realidad que se creó a su alrededor que, al final, se convirtió en un candidato prácticamente auténtico- saca conclusiones rotundas: primero, que cree más en los políticos; segundo, que es imposible «crear un candidato» de la nada, y tercero, que entiende más cosas porque las ha visto, porque ha estado en la trastienda de un mundo que hasta ahora prácticamente veía desde un solo ángulo.

Un político no es un envase lleno de efervescencias que surgen en los momentos adecuados. Se requiere, dice, una inmensa formación intelectual, personal, incluso una fortaleza física brutal para aguantar los intensos procesos de campañas electorales a los que son sometidos por su círculo más íntimo.

La experiencia de preparar, reescribir un discurso, de conocer a esos consejeros, de sentarse delante de una cámara y de meterse en el papel de un candidato a la Casa Blanca lo ha convertido, si acaso, en un actor parodiando a un político y a la política, pero le ha servido de lección. «No podría ser candidato. Es una de las cosas que me ha enseñado este trabajo.» Habla entonces de la necesidad de un especial poder de seducción que admite que él tiene en algunos sentidos, pero no en todos los que serían necesarios para saltar a la vida política. «Bueno, hay casos de escritores que lo han hecho. Pocos.» Cita al socialista francés Léon Blum. «No, jamás, nunca podría ser ni sería político», sentencia.«Se necesita algo más que el poder de la seducción intelectual.»

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