Viajar en Plan Crucero

Quien ha navegado por los grandes ríos que rasgan la selva amazónica no lo olvida jamás. Esa sensación de avanzar por un territorio prácticamente virgen e inexplorado desdibuja el tiempo. Ocurre como en Venecia, que la ciudad parece flotar en una época indeterminada. Lo malo es que aquí no hay palacios.

Lo bueno es que aquí no hay ningún tipo de edificios. Ni masas de turistas. Solo vegetación salvaje, ruidos extraordinarios, amaneceres soberbios y esas pequeñas dosis de sentirse pionero por estas aguas increíbles como si uno fuera el mismísimo Américo Vespucio.

A bordo del SeaDream, uno no puede considerarse un crucerista. Imposible. Es más bien como si navegara en el megayate de un magnate a lo Abramovich. 56 camarotes. 112 pasajeros máximo. 95 personas de tripulación.

Sin shows nocturnos ni etiqueta salvo el llamado yacht casual, que se limita a excluir el uso de pantalones vaqueros y bermudas en el comedor a la hora de la cena. En invierno, las dos embarcaciones gemelas de esta pequeña naviera de lujo noruega del interesante segmento crucero boutique surcan las aguas cálidas del Caribe.

En verano, su calado de menos de 15 pies les permite atracar en pequeños puertos de la vieja Europa vetados a los grandes cruceros.

Nada de ver ciudades a lo loco en plan pequeña manada ansiosa por devorar Tesoros del Mediterráneo. Nada de disfrutar con desenfreno de "cosas supuestamente divertidas que volverán a hacer", enmendando la plana al escritor David Foster Wallace. Y eso sí, todos los detalles para los más sibaritas: un pijama con su nombre bordado espera al pasajero cuando toma posesión de su camarote.

Además, miles las diversiones para un nuevo tipo de viajero que le gusta tanto la buena vida como la actividad al aire libre: ambos barcos disponen de una marina para practicar deportes náuticos en altamar bien repleta de juguetitos a lo Abramovich, como motos de agua, canoas, tablas de esquí acuático….

Entre los próximos meses de febrero y abril, el SeaDream II se adentra por el Amazonas con ocho salidas de diferente duración e itinerarios que no tiene previsto repetir en los próximos años. El más breve incluye ocho días de navegación por el corazón del río, con llegada y salida en Iquitos, la famosa ciudad visitada por el Pantaléon de Vargas Llosa.

El programa más extenso y extraordinario se extiende a lo largo de 20 días durante los que navegar una buena parte del río más largo y caudaloso del mundo a su paso por Brasil, Colombia y Perú, así como recorrer el impresionante estuario que forma en su desembocadura, un espectáculo que concentra la quinta parte de todo el agua dulce en movimiento sobre la Tierra. Como fin de fiesta de este itinerario, el Caribe.

A bordo de este barco de 105 metros de eslora, botánicos y naturalistas con los que explorar estas intrigantes aguas parduzcas y las comunidades ribereñas del Amazonas.

Safaris diurnos y nocturnos en zodiacs y canoas en busca de cocodrilos y delfines rosas. Para algunos privilegiados, la fiesta que comenzó en plena selva amazónica pasará por la infausta Isla del Diablo y terminará en las aguas cristalinas de Tobago y Granadinas. El broche final: las famosas fiestas de champán y caviar sobre tablas de surf que han hecho célebre a esta pequeña y lujosa compañía.

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