06 julio 2012

La Alhambra convertida en un museo

Su volumen de producción más importante lo tuvo en otoño de 1909 e invierno de 1910, en dos viajes casi consecutivos que realizó mientras preparaba una exposición en el Art Institute de Chicago y el Art Museum de San Luis. En ambas visitas lo acompañó el mal tiempo, y se dedicó a pintar en los huecos que el sol le permitía. El color y la luz de aquellos cuadros lo reflejan y los envuelve en melancolía. El blanco de Sierra Nevada enmarcando la ciudad sería una de las imágenes que más lo atraparían, intentando captarlo en varios cuadros.

En esta visita donde concentra su mayor producción sobre la Alhambra, pintando repetidamente patios y jardines de los palacios nazaríes, además de retratar los espacios más emblemáticos a los que se le permitía el acceso, entre los que se encuentran Torre de los Siete Picos, Patio de los Arrayanes, Mirador de Lindaraja o el Patio de Comares.

En 1917 culminaría la serie con el Jardín de Daraxa. Esta visita final, seis años antes de su muerte, formaba parte del recorrido por toda España que llevó a cabo para realizar sus murales Visiones de España, encargo de Hispanic Society de Nueva York y que le llevó casi ocho años. Aunque Granada y la Alhambra quedaron excluidas de aquel resumen de cómo veía el pintor su país, la parada nazarí le sirvió para relajarse disfrutando de las estampas que tanto le habían fascinado unos 10 años antes.

Así, casi 100 años después de la última visita, y tras un viaje hasta el Palacio del Diamante de Ferrara, en Italia, el pintor valenciano regresa a los patios y salones del monumento nazarí que tanto le fascinaron. Lo hace con la exposición itinerante Jardines de Luz, organizada por el Patronato de la Alhambra y Generalife, Museo Sorolla y Ferrara Arte, cuya última etapa será el museo madrileño.

Jardines de luz ha sido comisariada por un comité de expertos compuesto por Tomás Llorens, Blanca Pons-Sorolla, María López Fernández y Boye Llorens. Permanecerá abierta al público en el Museo de Bellas Artes de Granada, esto es, el Palacio de Carlos V de la Alhambra, desde el 29 de junio hasta el 14 de octubre.

La muestra se estructura en cinco secciones: La tierra, El agua, El patio, El jardín y El jardín de la Casa Sorolla. La componen medio centenar de piezas entre las que se cuentan 37 obras del Museo Sorolla de Madrid, una del Museo J. Paul Getty, que por primera vez se verá en España, y 20 cuadros de colecciones privadas tanto nacionales como internacionales.

La exposición reconstruye las distintas etapas del encuentro de Joaquín Sorolla con Andalucía, desde el paisaje de Sierra Nevada hasta los patios y los jardines árabes de la Alhambra de Granada, sí, pero también del Alcázar de Sevilla. Sorolla elimina a los humanos de estos retratos para centrarse en la geometría y el impacto cromático de los jardines, dejando todo el protagonismo a la luz, el agua y los diseños arquitectónicos nazaríes.

El encuentro con Andalucía en plena madurez artística acabaría provocando una reformulación del estilo del pintor valenciano. De hecho, la influencia de aquellas visitas se notaría también en su propia casa, convirtiendo su jardín en émulo del Generalife y comprando los arrayanes que lo decorarían en su último viaje a la ciudad nazarí.

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